El tesoro de Pariti, Inéditas Cerámicas Tiwanakotas

Por: Jedú Sagárnaga y Álex Ayala

Fotos: Jedú Sagárnaga

Cientos de objetos, supuestamente pertenecientes a Tiwanaku, abren nuevas preguntas sobre la cultura. Presentan detalles hasta ahora nunca vistos en Bolivia y otras connotaciones rituales.

Una de las piezas con más detalle de la colección, la llamada “El Señor de los Patos”.

Vista de la porción oeste de la isla de Pariti donde se ven aún terrazas.

Uno a uno fueron saliendo del pozo de excavación cientos y cientos de fragmentos, algunos de los cuales, pese a la tierra que los cubría, dejaban ver exquisitos diseños.

A lo largo de muchos días prosiguió la excavación ante los atónitos ojos de los arqueólogos y los lugareños que colaboraban como jornaleros. Además, toda la población  —mujeres, hombres y niños— observaba alrededor del pozo. En un momento llegaron a tomar el trabajo de los arqueólogos como un divertido pasatiempo, pero al mismo tiempo veían salir de las profundidades de la tierra los restos de su propia cultura. Se habían hecho de un hallazgo arqueológico importante.

A modo de recuerdos, las experiencias vuelan aún por la cabeza del arqueólogo Jedú Sagárnaga, quien dirigió junto al finlandés Antti Korpisaari las excavaciones en la isla de Pariti, a orillas del lago Wiñay Marka —departamento de La Paz—. Allí encontraron piezas que, a partir de los primeros estudios a los que han sido sometidas, fueron calificadas como de la más fina calidad de cerámica clásica de Tiwanaku. “Un hallazgo que cambiará las nociones sobre las relaciones de Tiwanaku con sus áreas circundantes”.

Piezas clásicas —wako retratos, vasos prosopomorfos, kerus, escudillas, botellones— y otras formas nunca antes observadas en Bolivia por el ojo humano contemporáneo forman parte de la enorme colección.

Los objetos, una gran parte todavía fragmentados, se prevé que estén limpios y al completo para marzo del año que viene. “Pero, por lo que ya hemos visto, se puede adelantar que son algo magnífico. Por ejemplo, existen vasijas con una decoración plástica exquisita”.

Hay de todo, desde figuras con las patillas del pelo bien marcadas, mostrando lo que pudo ser una moda de la época, hasta pigmentos de color aún en buen estado, animales representados de muy curiosas maneras —escalando vasijas, por ejemplo— o extraños adornos en la parte superior del labio…. “A estos últimos se les llama botones labiales o tembetás, pero hasta ahora únicamente se conocían en el labio inferior. Ahora, tomando como prueba al menos tres de las piezas encontradas, se puede asegurar que los labios superiores también eran perforados para recibir el adorno”, ilustra Sagárnaga.

Tales características le hacen decir a Javier Escalante Moscoso, director de la Unidad Nacional de Arqueología, que el hallazgo es, cuando menos, novedoso. Con piezas de formas que hasta ahora no se conocían de Tiwanaku.

Esta pieza, muy curiosa por su cola, resultó ser una de las partes de un keru.

Un soberbio cóndor, uno de los animales sagrados de la cultura tiwanakota.

 

En busca de un significado

Pese a todas las investigaciones, no son muchos los datos que hay sobre la cultura tiwanakota de la época clásica (500-900 dC). ¿Qué tipo de prácticas religiosas poseían?, ¿cuáles eran las relaciones de la capital y el resto de los centros poblados del pequeño imperio?

Al respecto de esta última cuestión, Pariti puede que ofrezca varias respuestas. Según Sagárnaga, si bien la isla no es considerada como una ciudad de Tiwanaku por la ausencia de estructuras arquitectónicas y otros 

vestigios, allá debieron concentrarse personalidades de categoría. “Tal vez era un centro ceremonial al que acudían personajes importantes tiwanakotas para alguna celebración en determinadas épocas”.

También se ha evidenciado que, como en otras latitudes del mundo andino —en la cultura wari, por ejemplo—, algunas piezas de cerámica de gran factura han sido quebradas como parte de un ritual impuesto. En Pariti se han encontrado cientos de fragmentos que no se rompieron por la presión de la tierra, “sino que más bien fueron hechos añicos con intención”. La prueba es que una forma determinada de cerámicas, los llamados botellones, han permanecido completos a diferencia del resto. “En ellos, seguramente se depositaba una bebida ritual para acompañar las piezas rotas”, dice Jedú.

Junto a los cientos de fragmentos, además, se han recuperado gran cantidad de huesos, sobre todo de camélidos, que puede que fueran otro componente de los rituales. Pero esta es materia para un especialista en astrología animal.

Este mono, realizado con asombroso detalle, forma parte de un receptáculo.

La mayor parte de lo hallado son fragmentos que están siendo restaurados.

  

A la tercera, la vencida

Con todo, hay que decir que la historia del hallazgo no ha sido flor de un día. El asunto comenzó el 2002. Motivado por los informes del maestro Wndell Bennett, que daban cuenta de unos interesantes vestigios del pasado en esa zona, el grupo dirigido por Sagárnaga y Korpisaari realizó su primera incursión a la isla de Pariti. La información que pudieron obtener de los pobladores fue, sin embargo, muy desalentadora: aparentemente no había vestigios prehispánicos de importancia. ¿Habría Bennett inventado la historia?

Desechada esta hipótesis, pues fue uno de los investigadores más serios de su época. Todo apuntaba a que se había tenido mala suerte. ¿Habían sido entonces desbaratados los sitios arqueológicos? Cabía esa posibilidad, pero algo, al menos, debía haberse conservado bajo la tierra.

Algunas respuestas llegaron en el 2003. Mientras los arqueólogos excavaban muy cerca, en Tiraska, pasó algo que cambió el rumbo de la investigación. Un pariteño, Juan Carlos Callisaya, invitó al equipo a visitar su comunidad para enseñarle algunos materiales que tenía en su poder, un interesante conjunto de cerámicas de filiación tiwanakota que llevó a los arqueólogos a Pariti por segunda vez. Como Juan Carlos, otros lugareños tenían en su poder valiosas piezas similares y el equipo las fue recuperando y armando ya una primera colección.

Sin embargo, a la hora de excavar tampoco hubo fortuna. Después de una serie de sondeos, guiados por ciertos rasgos de la superficie, se recuperaron únicamente pocos fragmentos.

Volvían a surgir decenas de preguntas: ¿con qué se habían topado los lugareños?, ¿eran esos objetos producto de una falsificación? Y, de nuevo, esos primeros recelos resultaron injustificados. Para algo así, los ceramistas debían ser muy buenos, fabricando piezas de alta calidad. Además, tendrían que conocer al milímetro el arte de Tiwanaku, pues la elaboración de objetos implicaba un alto conocimiento iconográfico de la cultura y el arte de los ancestros.

“Tomando en cuenta que la mayoría de los habitantes de Pariti son campesinos, había que buscar respuestas por otro lado”. Así fue y el interés de Sagárnaga y Korpisaari llevó a la realización de unas nuevas excavaciones que esta vez tuvieron lugar en agosto del 2004.

Superados los recelos iniciales de la población, se abrieron varios pozos de sondeo. Y, cuando todo parecía indicar que iba a haber un fracaso, la sorpresa brotó de la misma Pachamama. “Decenas y decenas de fragmentos de cerámica hicieron que llenásemos sin parar cubos y cubos enteros”.

Así, 70 años después de las primeras investigaciones de Bennett, Pariti se convertía nuevamente en un sitio arqueológico de interés.

Pero la historia no ha hecho más que comenzar. Las cerámicas encontradas están a la espera de estudios para confirmar su origen y nuevas excavaciones aguardan financiamiento. Mientras, la construcción de un museo es la prioridad para los pobladores y arqueólogos, a fin de que los tesoros queden en su propia casa.

 

Fuente:

Revista Escape, El nuevo Día

http://www.el-nuevodia.com/Revista_Escape/Octubre/esc041024b.html