PROPORCIONALIDAD

 

                                                                                   

I. Concepto

 

La proporcionalidad es una de las características mediante las cuales se evalúan los efectos de los sistemas electorales. La proporcionalidad se define como el nivel de coincidencia entre el porcentaje de votos y el porcentaje de escaños que obtienen las organizaciones participantes en una elección para cuerpos colegiados. A mayor coincidencia entre el porcentaje de votos y el porcentaje de escaños de las organizaciones participantes mayor será la proporcionalidad del resultado de una elección determinada, y del sistema electoral aplicado. Mientras mayor sea la diferencia entre el porcentaje de votos y el porcentaje de escaños de las organizaciones participantes menor será la proporcionalidad del resultado de la elección y del sistema electoral. Esta diferencia sirve para establecer el nivel de desviación de la proporcionalidad, también conocido como “desproporcionalidad”, que sería la cara reversa de la proporcionalidad, y puede definirse como el nivel de desviación del porcentaje de votos y el porcentaje de escaños de las organizaciones participantes en una elección para cuerpos colegiados.

 

La proporcionalidad del resultado de una elección está vinculada directamente al grado de representatividad del cuerpo elegido con respecto al electorado3. A mayor proporcionalidad mayor es el grado de representatividad, en el sentido de que los cuerpos legislativos estarán integrados de manera que reflejen las orientaciones políticas del electorado. Un grado de proporcionalidad perfecta implicaría que si un 40% del electorado vota por los social demócratas éstos tendrían también 40% de los cargos parlamentarios, si un 30% vota conservador habría un 30% de conservadores en el Parlamento, si un 20% vota liberal habría un 20% de escaños para los liberales. El grado en que un sistema electoral es proporcional indica a su vez en qué medida es probable que los cuerpos legislativos reflejen las orientaciones políticas de los votantes. Los partidarios de elevados niveles de proporcionalidad argumentan que cuerpos legislativos altamente representativos son necesarios para incrementar la posibilidad de que sus decisiones sean realmente un reflejo de la voluntad popular. Quienes consideran que este objetivo es fundamental, son usualmente partidarios de adoptar sistemas electorales de representación proporcional. Por el contrario quienes consideran que el objetivo fundamental de una elección es garantizar la gobernabilidad, consideran que más importante que asegurar una alta representatividad es que exista una mayoría clara en los cuerpos legislativos a favor de la organización o coalición con mayor apoyo popular. Estos son partidarios de establecer sistemas electorales mayoritarios (ver “Sistemas Electorales”).

 

A mayor proporcionalidad del sistema más difícil será que existan mayorías parlamentarias artificiales (también llamadas manufacturadas)4. Una mayoría es artificial cuando un partido o coalición de partidos obtiene la mayoría absoluta de los escaños de un cuerpo legislativo sin haber logrado la mayoría absoluta de los votos, y aún más difícil será que se produzcan las que pudiéramos denominar mayorías espurias. Tendríamos una mayoría espuria cuando un partido o coalición que pierde en votos con otro, sin embargo logra la mayoría absoluta de los escaños de la legislatura, lo que implica que en un régimen parlamentario se encargaría de dirigir el gobierno, tal como ocurrió en Nueva Zelanda utilizando un sistema mayoritario en circunscripciones uninominales en las elecciones de 1978 y 19815.

 

La proporcionalidad está igualmente asociada a los conceptos de sobre-representación y sub-representación. Se habla de sobre-representación de una fuerza política cuando su porcentaje de escaños es superior a su porcentaje de votos, y sub-representación cuando su porcentaje de escaños es inferior a su porcentaje de votos. Como ya lo encontró Rae6, es una tendencia general de los sistemas electorales, proporcionales y mayoritarios, la de sobre-representar a los partidos grandes, especialmente al más grande, y sub-representar a los medianos y menores. Esta tendencia sin embargo, es claramente más acentuada en los sistemas mayoritarios que en los proporcionales7. Estos planteamientos de Rae, confirmados por estudios posteriores8, a su vez ratifican ideas ya expresadas por Duverger en los años cincuenta. En la realidad no se presenta la proporcionalidad absoluta. Ningún sistema es totalmente proporcional, unos sistemas son más proporcionales que otros.

 

II. Medidas del nivel de proporcionalidad y desproporcionalidad

 

Determinar el grado en que el resultado de una elección se acerca o aleja de la proporcionalidad perfecta es sencillo si se refiere a un solo partido. Basta restar el porcentaje de escaños obtenidos por la organización de su porcentaje de votos para saber en cuántos puntos de porcentaje se diferencian. Podría también dividirse el porcentaje de escaños entre el porcentaje de votos para determinar su relación, denominada por Valles y Bosch “ratio de ventaja”10. Sin embargo, es más complicado cuando se trata de tener un panorama global de la proporcionalidad de una elección con relación al conjunto de partidos. Para ello se han propuesto varios métodos. Siguiendo el orden cronológico propuesto por Lijphart11, el primero de estos métodos es el de la “desviación promedio” y fue propuesto por Rae12. Se calcula sumando las diferencias absolutas entre el porcentaje de escaños y el porcentaje de votos de los partidos que hubieren obtenido 0.5% o más votos, sin tomar en cuenta los signos negativos, y dividiendo el resultado de esta suma entre el número de partidos considerados. En el ejemplo que presentamos en el Cuadro Nº 1, la desviación promedio sería: (7+4+5+6)/4 = 5.5. A este método se le critica que al dividir entre todos los partidos tiende a minimizar la desproporcionalidad en aquellos casos en los que participa un número alto de partidos. Exagera la proporcionalidad cuando participan muchos partidos pequeños. El segundo método es el de Loosemore y Hanby13. Calcula la distorsión de la proporcionalidad (“D”), haciéndola equivalente a la desviación entre el porcentaje de votos y el porcentaje de escaños de los partidos sobre-representados. En el Cuadro Nº 1, estos serían A y B, por lo cual “D” sería igual a once (7+4). Como lo que ganan los sobre-representados es lo mismo que pierden los sub-representados, la “D” puede también calcularse sumando todas las diferencias entre los porcentajes de votos y escaños, para luego dividir entre dos : (7+4+5+6)/2= 11. Este método, hasta ahora el más utilizado, ha recibido la crítica de que no es sensible a la forma en que se distribuyen las desviaciones entre los partidos, y considera igual una elección en que hubiera un solo partido sobre-representado con diez puntos de porcentaje, a otra en que hubiera diez partidos sobre-representados con un punto de porcentaje cada uno, exagera según Lijphart la desproporcionalidad de sistemas y elecciones en las que participen muchos partidos14. A pesar de ello la “D” tiene la importante ventaja de una interpretación sustancial clara. Una sobre-representación de 11 puntos de porcentaje, como en nuestro ejemplo, indica que los partidos favorecidos (A y B) recibieron 11% de los escaños por encima de los que les corresponderían en estricta proporcionalidad (trece cargos en nuestro ejemplo), y que al mismo tiempo, los partidos sub-representados, obtuvieron 11% de los escaños menos de los que les corresponderían en estricta proporcionalidad (también trece cargos). Ninguno de los otros indicadores de desproporcionalidad permite una interpretación sustancial como ésta. Rose propone un índice de proporcionalidad que es equivalente a restar de 100 la “D” de Loosemore y Hanby15. En nuestro ejemplo, la proporcionalidad según el índice de Rose sería 100-11=89. Pero al hacer esta transformación, se pierde la posibilidad de hacer la interpretación antes referida del resultado, por lo cual parece preferible reportar la desproporcionalidad “D”. El tercer método es el de los “menores cuadrados” propuestos por Gallagher16. Se calcula sumando los cuadrados de las diferencias entre porcentajes de escaños y votos de todos los partidos. El número obtenido se divide entre dos, y luego se calcula la raíz cuadrada. El resultado es el índice de desproporcionalidad de Gallagher o de los menores cuadrados. En nuestro caso la distorsión según este método se calcularía así:

 

(72 + 42 + 52 + 62) / 2 = 8

 

Este procedimiento tiene la virtud de tomar un camino intermedio entre el de Rae y el de Loosemore y Hanby, ya que es sensible a la distribución de la desviación entre pocos o muchos partidos, pero da a una desviación grande un peso mayor que el de varias desviaciones pequeñas en conjunto equivalentes a la primera17. Por ello es el método preferido por Lijphart18. Una cuarta alternativa es la de utilizar como indicador de desproporcionalidad la desviación mayor entre escaños y votos producida en la elección, que en nuestro caso es la del partido A, es decir 719. Sin desconocer los méritos de la solución propuesta por Gallagher, creemos que las posibilidades interpretativas que brinda la “D” de Loosemore y Hanby la hacen preferible.

 

 

CUADRO No.1

COMPARACIÓN DE MEDIDAS DE DESPROPORCIONALIDAD

 

PARTIDO

% VOTOS

ESCAÑOS

DESVIACIÓN

 

 

N

%

 

A

35%

50

42%

7

B

30%

41

34%

4

C

25%

24

20%

5

D

10%

5

4%

6

TOTAL

100

120

100

-------

 

DESPROPORCIONALIDAD:

                Desviación Promedio de Rae

                 

                                                (7+4+5+6)/4 = 5.5

 

                D de Loosemore y Hanby      

                                                (7+4+5+6)/2 = 11  

               

Menores Cuadrados de Gallagher                            

                                                 

                                (72 + 42 + 52 + 62) / 2 = 8

 

                Desviación Mayor                                   = 7

 

 

 

III. Factores de la proporcionalidad de un sistema electoral

 

Son varios los factores que influyen en la proporcionalidad de un sistema electoral. Si seguimos el señalamiento clásico de que los elementos fundamentales de un sistema electoral son la fórmula electoral, las circunscripciones y las formas de candidatura y votación, podríamos señalar que son la fórmula electoral y la circunscripción los elementos que influyen decisivamente en el nivel de proporcionalidad de un sistema electoral. A ellos debemos añadir un tercer factor, la existencia o no de barreras legales (ver barrera electoral).

 

A.   Fórmula electoral

 

La fórmula electoral es el elemento de mayor peso en la proporcionalidad si hacemos referencia a la clasificación de ellas en proporcionales y mayoritarias (ver “fórmula electoral”). Partiendo de la base de que se utilizan circunscripciones de más de un escaño, ya que en las uninominales no se pueden aplicar métodos proporcionales, la desproporcionalidad, medida por cualquiera de nuestros indicadores, tenderá a ser mayor cuando se utiliza una fórmula electoral mayoritaria que cuando se utiliza una fórmula proporcional. Los análisis empíricos han demostrado que a pesar de los efectos que tienen otros factores, entre ellos básicamente las circunscripciones, la desproporcionalidad tiende a ser mayor en los sistemas electorales que utilizan fórmulas mayoritarias, que en los que utilizan fórmulas proporcionales20. Lo cual por supuesto, no es nada sorprendente.

 

Dentro de cada familia de fórmulas electorales, también afecta la proporcionalidad la modalidad que se adopte, aunque en una medida mucho menor que la decisión relativa a escoger un sistema mayoritario o proporcional, o al efecto de las circunscripciones. En el caso de las fórmulas mayoritarias la desproporcionalidad tiende a ser mayor en las fórmulas de mayoría relativa que en las otras modalidades ( mayoría absoluta, voto alternativo)21. En el caso de las fórmulas proporcionales más usuales, manteniendo iguales otras condiciones, la mayor desproporcionalidad es producida por la fórmula de D´Hondt (ver “D´Hondt”) y por la que utiliza el Cociente Imperial (ver Cociente), luego en condiciones similares siguen la fórmula de Saint Lagüe modificada, el Voto Único Transferible y el Cociente Droop con restos más altos, después la fórmula original de Saint Lagüe, y finalmente la que se asocia a la menor desproporcionalidad es la fórmula del Cociente Natural (Hare) y los restos más altos22, cuyos resultados son idénticos a la denominada en Alemania fórmula “Hare-Niemeyer” (ver vocablos Cociente Electoral y Fórmula Electoral).

 

B.   Circunscripciones

 

La magnitud de las circunscripciones (ver vocablo circunscripciones electorales), luego del tipo de fórmula mayoritaria o proporcional, es el elemento fundamental para determinar la proporcionalidad de la distribución. En el caso de las distribuciones con fórmula mayoritaria, la proporcionalidad será mayor en la medida en que las circunscripciones sean menores. Cuando se usan fórmulas mayoritarias la mayor proporcionalidad tiende a obtenerse en circunscripciones uninominales. Si se usan circunscripciones plurinominales, la tendencia será a que la proporcionalidad disminuya en la medida en que aumente el número de escaños promedio en las circunscripciones. La razón es que cuando el sistema se basa en circunscripciones uninominales es más probable que las diferencias locales en las preferencias políticas incidan en que las fuerzas menores si tienen su apoyo concentrado en áreas pequeñas (clase media, etnias, etc.) logren ganar algunos cargos en ellas. Sin embargo si estas áreas forman parte de una circunscripción plurinominal, la mayoría regional se podría llevar todos los cargos, neutralizando las especificidades de algunas zonas.

 

En el caso de que la distribución se haga con base en una fórmula proporcional, la proporcionalidad será mayor cuanto más grande sea la circunscripción. La proporcionalidad máxima se logra cuando la distribución se hace en una circunscripción nacional única. Y en este caso, será mayor mientras más grande sea el número de escaños del cuerpo legislativo del que se trate. En el caso más común de circunscripciones múltiples, la proporcionalidad será mayor en la medida en que sea mayor el promedio de escaños por circunscripción. También mejora la proporcionalidad la existencia de distribuciones adicionales de escaños nacionales, sobrantes o adicionales con base en la votación nacional y en forma compensatoria. Se habla de distribución compensatoria cuando para determinar los escaños que corresponden a cada organización se le restan los ya obtenidos en distribuciones anteriores.

 

El número total de escaños del cuerpo legislativo23 de que se trate es importante en la medida en que afecta el tamaño de las circunscripciones. En el caso de circunscripciones múltiples es probable que a un mayor volumen de escaños total, mayor sea el promedio de cargos por cada circunscripción. Sin embargo lo más importante no es el tamaño total del cuerpo, sino el promedio que resulta de dividirlo entre el número de circunscripciones. Un sistema con 500 escaños, divididos entre 500 circunscripciones, con un escaño por circunscripción, será mucho menos proporcional que otro con 200 escaños divididos por igual en 10 circunscripciones. En el caso de una circunscripción nacional única, a mayor sea el número total de escaños del cuerpo legislativo a elegir, mayor tenderá a ser la proporcionalidad.

 

C.   Barrera legal

 

El que esté legalmente establecido o no un umbral de votos que los partidos deban superar para tener derecho a participar en la distribución proporcional de cargos (ver vocablos barrera electoral y sistemas electorales), es un factor que influye en el grado de proporcionalidad. En igualdad del resto de los factores antes considerados, la proporcionalidad disminuye con el establecimiento de barreras legales, y será menor en la medida en que aumente la magnitud de la barrera. La razón es que por definición, una parte de las organizaciones, aquéllas que no superen los requisitos de la barrera, estarán sub-representadas. Habrán obtenido un porcentaje “x” de votos y sin embargo no lograrán cargo alguno por ellos. Estos cargos, formarán parte de la sobre-representación de las fuerzas que superen la barrera. Sin embargo, a mediano plazo es posible que este efecto contrario a la proporcionalidad se neutralice debido a que las fuerzas minoritarias tiendan a no participar ante la imposibilidad de superar la barrera, con lo cual aunque habría una desproporcionalidad implícita, esta no se manifestaría en el resultado electoral propiamente dicho. Por el contrario, en los países con una proporcionalidad muy amplia, sin barreras legales, puede ocurrir que se estimule la participación de numerosos micro-partidos que a pesar de la generosidad del sistema, no lleguen a obtener representación alguna, incrementando el nivel expreso de desproporcionalidad.

 

Lijphart, a partir de los elementos antes indicados, construye la variable “barrera efectiva”24 , que englobaría el efecto de la circunscripción y de la barrera legal. Esta variable resulta ser la que mejor explica, en su análisis, el nivel de desproporcionalidad25 . No obstante, creemos preferible considerar en forma autónoma los efectos tanto de la circunscripción como de la barrera legal.

 

 

Vocablos de referencia:

 

Barrera electoral

Circunscripciones electorales

Cociente electoral

D’Hondt

Fórmula electoral

Sistemas electorales

 

Bibliografía:

 

Duverger, M: “Los Partidos Políticos”, trad. J. Campos y E. González, Fondo de Cultura Económica, México, 1957.

Gallagher, M: “Proportionality, Disproportionality and Electoral Systems”. Electoral Studies 10, 1991. Págs. 40-41.

Lijphart, A.: “Degrees of Proportionality of Proportional Representation Formulas”, en B. Grofman y A. Lijphart (eds.): Electoral Laws and their Political Consequences. Agathon Press, New York, 1986. Págs. 170-182.

Lijphart, A.: “The Political Consequences of Electoral Laws 1945-85”. American Political Science Review, 84, 1990. Págs. 481-496.

__________: Electoral Systems and Party Systems. Oxford University Press, New York, 1994.

Loosemore, J. y V. Hanby: “The Theoretical Limits of Maximum Distortion: Some Analytic Expressions of Electoral Systems”. British Journal of Political Science, 1, 1971, Págs. 467-477.

Mackie, T. y R. Rose: The International Almanac of Electoral History. Tercera edición. Congress Quarterly, Washington D.C., 1991.

Molina, J.: El sistema electoral venezolano y sus consecuencias políticas. Vadell Hermanos-Instituto Interamericano de Derechos Humanos, Valencia, Venezuela, 1991.

Rae, D.: The Political Consequences of Electoral Laws. Yale University Press, New Haven, 1971.

Rose, R.: “Electoral Systems: a Question of Degree or of Principle”, en A. Lijphart y B. Grofman (eds.): Choosing and Electoral System. Issues and Alternatives. Praeger, New York, 1984.

Valles, J. y A. Bosch: Sistemas electorales y gobierno representativo. Ariel, Barcelona, 1997.

 

José E. MOLINA VEGA

 

 

NOTAS

 

1         Molina, J: El sistema electoral venezolano y sus consecuencias políticas. Vadell Hermanos-Instituto Interamericano de Derechos Humanos. Valencia, Venezuela, 1991. Págs. 61-84.

2         Lijphart, A.: Electoral Systems and Party Systems. Oxford University Press. New York, 1994. Pág. 57.

3         Valles, J. y A. Bosch: Sistemas electorales y gobierno representativo. Ariel. Barcelona, 1997. Pág. 125.

4         Lijphart, A., op.cit., págs. 75-77. Vallés, J. y A. Bosch: op. cit., pág. 160. Rae, D.: The Political Consequences of Electoral Laws. Yale University Press. New Haven, 1971. Pág. 74.

5         Mackie, T. y R. Rose: The International Almanac of Electoral History. Tercera Edición, Congress Quarterly. Washington D.C, 1991. Págs. 340-371.

6         Rae, D.: op. cit., págs. 69-73.

7         Ibid. Págs. 88-93.

8         Lijphart, A.: “The Political Consequences of Electoral Laws 1945-85”, en American Political Science Review, 1990, págs.84, 481-496.

9         Duverger, M.: “Los Partidos Políticos”, trad. J. Campos y E. González. Fondo de Cultura Económica, México D.F, 1957.

10       Valles y Bosch: op. cit., p. 127.

11       Lijphart, A.: op. cit. p. 58-62.

12       Rae, D.: op. cit., pág. 84.

13       Loosemore, J. y V. Hanby: “The Theoretical Limits of Maximum Distortion: Some Analytic Expressions of Electoral Systems”. British Journal of Political Science, 1, 1971. Págs. 467-477.

14       Lijphart, A.: Electoral Systems and Party Systems, 1994. Op. cit., pág. 60.

15       Rose, R.: “Electoral Systems: a Question of Degree or of Principle”, en A. Lijphart y B. Grofman (eds.): Choosing and Electoral System. Issues and Alternatives. Praeger. New York, 1984. Pág. 74.

16       Gallagher, M.: “Proportionality, Disproportionality and Electoral Systems”. Electoral Studies, 10, 1991. Págs. 40-41.

17       Idem.

18       Lijphart, A.: Electoral Systems and Party Systems, 1994. Op. cit., pág. 62.

19       Idem.

20       Lijphart, A.: Electoral Systems and Party Systems, 1994. Op. cit., pág. 96. Lijphart, A.: “The Political Consequences of Electoral Laws 1945-85”, 1990. Op. cit., págs. 481-496.

21       Ibid. Pág. 96.

22       Lijphart, A: “Degrees of Proportionality of Proportional Representation Formulas”, en B. Grofman y A. Lijphart (eds.): Electoral Laws and their Political Consequences. Agathon Press. New York, 1986. Págs. 170-182. Lijphart, A.: Electoral Systems and Party Systems, 1994. Op. cit., pág. 24. Molina, J. , 1991, op. cit., págs. 74-76.

23       Lijphart, A: Electoral Systems and Party Systems, 1994. Op. cit., pág. 12.

24       Ibid. Págs. 25-30.

25        Ibid. Pág. 110-111.