TRANSICIÓN A LA DEMOCRACIA

 

 

I. Importancia del concepto

 

Definir el concepto “transición a la democracia” es una tarea compleja tanto por la fluidez que todo proceso de transición supone, como también porque la democracia no es un vocablo de definición única y unívoca. Desde los clásicos de la democracia en la antigua Grecia, pasando por la teoría liberal inglesa, la ilustración francesa y el marxismo, hasta las concepciones propias del siglo XX con los trabajos de Schumpeter y el revisionismo democrático, se ha entretejido una compleja red de referentes democráticos que en el lenguaje del presente podemos clasificar en formales y sustantivos. ¿Es la democracia un ensamblaje de reglas formales expresadas en leyes, constituciones y formas de organización estatal, o es la democracia un sistema político que también atiende la justicia e igualdad en diversas esferas de la vida? Esta es la pregunta central para la definición de la democracia, y por tanto, de una transición a ella. La relevancia de estas preguntas es aún mayor en las transiciones de fines del siglo XX, ya que muchos países que experimentaron procesos de transición democrática mostraron altos índices de pobreza y desigualdad, como bien lo expresa el caso de América Latina.

 

La continuidad de formas autoritarias durante el siglo XX explica que el concepto de “transición a la democracia” mantuviera su importancia en el análisis socio-político. Las interrogantes acerca de cómo y cuándo ocurren las transiciones persistieron y adquirieron mayor relevancia a partir de mediados de los años setenta. El colapso de los regímenes autoritarios en Europa del Sur (Portugal, España, Grecia) en los años setenta, en América Latina en los años ochenta, y posteriormente en Asia, Africa y Europa Oriental motivó un interés especial en el estudio de los procesos de transición. Un primer análisis para los casos de Europa del Sur y América Latina aparece en la colección de libros publicados bajo el título, Transitions from Authoritarian Rule, editado por Guillermo O’Donnell, Phillipe Schmitter y Laurence Whitehead (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1986). En esta colección de trabajos se identifican diferentes factores que contribuyeron a las transiciones. El factor que se enfatiza varía en función del país analizado y del autor, pero entre los más citados se encuentran: los conflictos en la clase dirigente, la modernización del empresariado, la crisis económica, los movimientos sociales, los cambios en la cultura política a favor de la democracia, y las transformaciones a nivel internacional que favorecían el colapso de las dictaduras.

 

II. El surgimiento de la democracia

 

La discusión sobre el establecimiento de las democracia en la sociedad capitalista estuvo íntimamente ligada al desarrollo del parlamentarismo. A la crisis de la organización feudal en Europa le siguió un proceso de incorporación de diversos grupos sociales (artesanos, obreros, comerciantes) a la política, vía la representación parlamentaria. Inglaterra es el caso paradigmático de integración política vía la expansión del parlamentarismo. La formación de partidos políticos y la extensión del sufragio constituyeron la base de este proceso de incorporación política y constitucional de la relación Estado-Sociedad.

 

Entre las explicaciones sociológicas del por qué de la transición a la democracia sobresale la contribución de Barrington Moore, quien en su libro The Origins of Dictatorship and Democracy (1966) señala un conjunto de condiciones que a su juicio hicieron viable ese proceso. Primero, el balance de fuerzas entre los principales protagonistas sociales de la emergente sociedad capitalista donde la burguesía en formación logró reducir el poder de la monarquía terrateniente. El caso inglés es al respecto sugerente ya que para el siglo XVII los grupos burgueses emergentes lograron subordinar la autoridad del rey a la del parlamento, y para fines del siglo XIX la burguesía industrial dominaba política y económicamente a los latifundistas. En contraste con el caso inglés, Francia tuvo un proceso más tortuoso de transición a la democracia debido al persistente poder de la monarquía y su dramático colapso con la revolución francesa. Segundo, el desarrollo de la agricultura comercial contribuyó a la diversificación de la burguesía y a la neutralización del potencial revolucionario de los campesinos. Tercero, la inexistencia de una alianza entre la oligarquía terrateniente y la emergente burguesía dominada por la oligarquía terrateniente permitió una rápida integración de las formas políticas afines al capitalismo. Comparando Inglaterra y Alemania, Moore plantea que la recurrencia autoritaria en Alemania estuvo vinculada precisamente a una alianza dominada por la oligarquía terrateniente. Un último punto que debe destacarse es la relación de esta dinámica de las relaciones sociales con el nivel de desarrollo económico de una sociedad concreta (entiéndase el nivel de desarrollo capitalista). Por ejemplo, la mayor capacidad de liderazgo político de la burguesía industrial en Inglaterra comparada con su contraparte alemana se explica en función del avanzado desarrollo capitalista en Inglaterra y el relativo atraso alemán. Barrington Moore, por ejemplo, habla de que a menos que las sociedades hayan experimentado una revolución socioeconómica, particularmente en cuanto a modificar las relaciones de poder en el campo, la democracia no tiene posibilidades de sobrevivir. Es decir, hay una relación estrecha entre las formas de poder político y económico; los derechos ciudadanos coinciden con la creación del sujeto libre en el campo de las relaciones económicas; la subyugación directa en la economía se sustituye por la extracción de plusvalía; la subordinación política al poder absoluto se sustituye por la representatividad que supone un gobierno electo por todos (la inclusión dependió de los avances logrados siendo el momento culminante el establecimiento del sufragio universal).

 

III.    Transición y democracia

 

Una transición democrática no asegura la futura consolidación democrática. En este sentido, el concepto de “transición a la democracia” retiene la incertidumbre del proceso democrático en el largo plazo. Pero la “transición a la democracia” asume lo siguiente: primero, que existía una situación previa que no podía calificarse de democrática (es decir, existía algún tipo de autoritarismo), y segundo, que el proceso de cambio se dirigía hacia la inclusión de prácticas políticas e instituciones democráticas. Veamos a continuación las características de este proceso de cambio (de transición) y los referentes que llevan a concluir que dicha transición es democrática.

 

A)   La transición

 

El concepto de “transición” es definido por O’Donnell y Schmitter en Transitions from Authoritarian Rule: Tentative Conclusions (Johns Hopkins University Press, 1986, p.6) como “el intervalo entre un régimen político y otro”. Al indicar las características de este proceso, los autores señalan tres puntos. Primero, que el signo clásico de que una transición del autoritarismo ha comenzado es cuando los propios líderes autoritarios empiezan a modificar sus propias reglas de juego en tanto proveer más garantías de los derechos políticos, individuales y grupales. Segundo, que durante el proceso de transición las reglas de juego no están bien definidas sino que se encuentran en un estado cambiante y de fluidez. Tercero, que se da una lucha ardua entre los actores políticos por redefinir reglas de juego que les beneficien en lo inmediato y en el futuro. Estos tres puntos son sugerentes en tanto destacan indicadores de la transformación interna del régimen previo a la transición democrática, la fluidez e incertidumbre de los procesos de transición que modifican los patrones previos establecidos de relaciones políticas, y la importancia del período transicional para los procesos ulteriores en tanto las decisiones que se toman y el poder que se adquiere durante este período de fluidez política afectarán el tipo de democracia posible en el futuro. En otras palabras, el estado de inestabilidad existente y la búsqueda de acuerdo que permitan la instauración de un nuevo régimen plantean la posibilidad de ampliar las alternativas hasta entonces existentes.

 

B)   La liberalización

 

En el proceso de transición a la democracia se identifican dos momentos. Según O’Donnell y Schmitter (1986), antes de la democratización se da un proceso de liberalización caracterizado por la redefinición y extensión de los derechos ciudadanos. Estos incluyen el habeas corpus, libertad de expresión y de movimiento, libertad de asociación, derecho a la privacidad, etc. Es dífícil determinar con precisión si todos estos derechos se respetan, pero lo sintomático es que se registran avances importantes en relación con el período autoritario. Se asume también que el ejercicio de estos derechos por parte de algunos sectores servirá de ejemplo y motivación para que otros ejerzan sus derechos.

 

La dinamicidad y conflictividad del proceso de transición-liberalización es otro de los puntos que destacan O’Donnell y Schmitter (1986). Los múltiples cálculos de avances y retrocesos ocupan a los actores políticos. La tensión surge de las demandas planteadas y las concesiones otorgadas. Cada situación concreta tendrá sus niveles específicos de riesgo. ¿Hasta dónde es posible desafiar las reglas de juego previamente establecidas? ¿Qué contribuirá a la estabilización de las conquistas democráticas? ¿Qué producirá un retroceso? Son éstas las inquietudes típicas del proceso de transición. Si no hay una regresión autoritaria, entonces se presenta la posibilidad de un proceso de democratización.

 

C)  La democratización

 

Al llegar a la democratización surge el problema de especificar qué es la democracia. Sin entrar en una discusión semántica, basta retomar el punto previamente sugerido en cuanto a la diferencia entre la noción “formal” y “sustantiva” de la democracia. ¿Refiere la democracia a un conjunto de mecanismos de protección ciudadana y reglas de gobierno? ¿Incluye la democracia una dimensión de justicia social en la esfera de las relaciones económicas y formas de vida? El asunto es pertinente no sólo desde una dimensión ética, sino también en el contexto de las luchas por establecer y mantener la democracia en muchos países con altos índices de pobreza y desigualdad social. En las democracias desarrolladas, las inequidades sociales se fueron reduciendo durante el proceso de democratización política. Es decir, la garantía de los derechos políticos, económicos y sociales se produjeron a un ritmo más acorde. En los países de más reciente transición democrática, como los casos de América Latina, la asimetría entre la expansión de los derechos políticos y socioeconómicos hace más difícil y precario el proceso de democratización. De ahí se deriva la crítica de que la democracia es formal y no real. Esta diferenciación entre democracia formal y real también tiene una trayectoria teórica en el marxismo que redujo la democracia a una apariencia política de igualdad en el capitalismo explotador y desigual. Paralelamente a esta crítica se desarrolló un pensamiento pro-democrático que tiene diversas expresiones teóricas pero coincide en afirmar que los derechos individuales en la esfera política son un referente esencial de la democracia. Según Norberto Bobbio (1987, p.66), la democracia es “un conjunto de reglas que facilitan y garantizan la más extensa participación de la mayoría de los ciudadanos, directa o indirectamente, en las decisiones que afectan la sociedad”. Estas reglas son seis: 1) todos los ciudadanos que han obtenido su mayoría de edad tienen el derecho de expresar su opinión mediante el voto y/o elegir quién expresará su opinión sin distinción de raza, religión, condición económica, etc. 2) El voto de cada ciudadano debe tener el mismo valor. 3) Todos los ciudadanos que tienen derechos políticos deben tener la libertad de votar de acuerdo a su propia convicción, que han alcanzado de la manera más independiente posible, en el contexto de una competencia libre entre los grupos políticos organizados. 4) Deben existir alternativas reales para elegir entre ellas. 5) La mayoría decide en las decisiones colectivas y en la elección de representantes. 6) La decisión de la mayoría no puede restringir los derechos de las minorías, en particular, el derecho de convertirse en mayoría bajo las mismas condiciones. Reglas similares ya había estipulado Robert Dahl en el libro A Preface to Democratic Theory (1956) en lo que llamó la “poliarquía”, es decir, una democracia que enfatiza los procedimientos políticos mínimos de convivencia democrática. Ellos son el derecho al voto en condiciones de igualdad, elecciones libres, y la existencia de alternativas para elegir. Para Juan Linz (The Breakdown of Democratic Regimes, 1978), otro importante analista de la transición a la democracia, la democracia se refiere en términos prácticos a la libertad de crear partidos políticos y celebrar elecciones honestas en intervalos regulares sin excluir ninguna esfera política del control electoral directo o indirecto. Como se deriva claramente de los planteamientos de Dahl y Linz, las elecciones son uno de los indicadores fundamentales de que se ha iniciado un proceso de transición hacia la democracia. Por otra parte, la tensión entre democracia formal y real dependerá de los referentes teóricos y la perspectiva ética del proceso de democratización, de la formulación que se haga de la relación entre democracia política y económica, de la posición que ocupe la democracia política en una escala de valores y prioridades, y en particular, de la situación socioeconómica de una sociedad y su capacidad para atender las demandas y expectativas sociales.

 

Para Linz, la noción de que las circunstancias en las que emerge un régimen potencialmente democrático –las estructuras sociales, los conflictos sociales, el legado institucional e ideológico– pueden ser catastróficas para la democracia es problemática. Linz considera que son las acciones de los gobernantes y no las condiciones estructurales e históricas las que determinan el futuro de una naciente democracia. El identifica varios problemas recurrentes que en el pasado obstaculizaron la consolidación de nuevos regímenes democráticos: 1) La euforia inicial y las imágenes de apoyo amplio a la democracia dan la sensación de que con buena voluntad se pueden resolver los problemas acumulados en vez de captar la complejidad de los problemas sociales. 2) Los líderes del nuevo régimen democrático han tenido tiempo de reflexionar sobre los problemas de la sociedad y sus soluciones, pero no han confrontado la tarea de formularlos en términos precisos. 3) Las nuevas democracias son con frecuencia instituidas por coaliciones en las que incluso grupos minoritarios, cuya fuerza es aún desconocida, quieren ser escuchados. 4) El deseo de legislar sin los recursos necesarios para impulsar nuevas medidas, lo cual puede tener repercusiones perturbadoras en la economía que motivan evasión de capital o reducción en las inversiones. Cuando ocurren estos problemas, el resultado será frustración y descontento dentro de la coalición democrática, pudiendo llevar al colapso del régimen.

 

Durante los años noventa, la producción intelectual sobre la democratización fue extensa, y de la reflexión inicial sobre la transición democrática se pasó rápidamente al estudio de la consolidación democrática.

 

 

Vocablos de referencia:

 

Consolidación de la democracia

Democracia

Democratización

 

Bibliografía:

 

Bacharach, Peter: The Theory of Democratic Elitism: A Critique. Little Brown, Boston, 1967.

Bobbio, Norberto: El Futuro de la Democracia. Plaza & Janes Editores, Barcelona, 1985.

______________: Which Socialism? Marxism, Socialism and Democracy. University of Minnesota Press, Minneapolis, 1987.

Dahl, Robert: A Preface to Democratic Theory. University of Chicago Press, Chicago, 1956.

Held, David: Models of Democracy. Polity Press, Cambridge, 1987.

Hunt, Alan (ed.): Marxism and Democracy. Lawrence and Wishart, London, 1980.

Linz, Juan: The Breakdown of Democratic Regimes: Crisis, Breakdown & Reequilibration. Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1978.

Moore, Barrington: The Social Origins of Dictatorship and Democracy. Beacon Press, Boston, 1966.

O’Donnell, Guillermo; Schmitter, P. and Whitehead, L. (eds.): Transitions from Authoritarian Rule: Latin America. Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1986.

O Donnel, Guillermo and Schmitter, P.: Transitions from Authoritarian Rule: Tentative Conclusions. Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1986.

Schumpeter, Joseph: Capitalism, Socialism and Democracy. Harper and Row, New York, 1950.

 

Rosario ESPINAL